Hasta los años 60 se creía que las células humanas podrían dividirse indefinidamente en un entorno óptimo. Leonard Hayflick, en 1965, descubrió que las células tienen un límite de aproximadamente 50-60 divisiones antes de entrar en senescencia celular. Extrapolando estos datos, se estableció que la esperanza de vida máxima de un ser humano podría ser de 120 a 130 años, lo que se conoce como el Límite de Hayflick. Aunque pasaron más de 35 años para que una persona alcanzara los 122 años, la francesa Jeanne Calment rompió este récord al morir a los 122 años y 164 días, confirmando la existencia de este límite biológico.
A pesar de los avances, el incremento de la esperanza de vida no siempre se traduce en una vida plena y saludable. En las últimas décadas, se ha estimado que de los 30 años de vida adicional obtenidos en los últimos 100 años, solo 27 meses corresponden a salud plena. El resto del tiempo ganado se pasa con dolencias y patologías, lo que genera un importante desafío para la sociedad: el envejecimiento saludable.
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