La otra pandemia: ¿es heredable la obesidad?

La otra pandemia: ¿es heredable la obesidad?Las tasas de obesidad van en aumento y la tendencia no es nada halagüeña. Las proyecciones son pesimistas, y preocupa especialmente la obesidad infantil. ¿Es posible que se esté amplificando la obesidad a través de las generaciones?

La obesidad y el sobrepeso son cuestiones que no solo afectan al que lo padece, sino al conjunto de la sociedad. Las cifras van en aumento, y tanto la situación actual como las predicciones auguran un futuro poco prometedor. Cerca de un 60% de la población adulta española padece sobrepeso u obesidad “Prevalencia de sobrepeso y obesidad en España en el informe “The heavy burden of obesity” (OCDE 2019) y en otras fuentes de datos“. A nivel mundial, estas cifras alcanzan el 52% según la Organización Mundial de la Salud. Artículo publicado en la revista Alimente el 9/08/2021.

Más preocupante es el problema de la obesidad y el sobrepeso infantil que afecta a cerca de un 40% de la población española entre 7 y 9 años. La evolución a nivel mundial desde el año 1975 al 2016 muestra que las tasas de obesidad y sobrepeso en niños y adolescentes de entre 5 y 19 años aumentaron más de 4 veces, desde un 4% a un 18%. La malnutrición infantil tiene dos caras, la de la desnutrición, y la de la sobrenutrición, que azotan especialmente por igual a los países en vías de desarrollo y a los sectores menos favorecidos de la sociedad.

La malnutrición infantil tiene dos caras, la de la desnutrición, y la de la sobrenutrición.

El hecho de que la obesidad esté yendo en aumento desde principios del siglo XX, ha disparado una hipótesis que ahora podemos explicar en parte gracias a los descubrimientos en epigenética, “¿Está nuestra salud predeterminada?“, Gente Sana, diciembre 2020. La idea es que desde hace décadas, se está produciendo una amplificación transgeneracional de la obesidad. Esto implicaría que el riesgo de obesidad de los padres afecta al de los hijos, y así sucesivamente. Veamos qué factores podrían estar detrás de este hecho.

Heredando los hábitos.

Una de las primeras observaciones que apuntaron a que la obesidad no dependería solo de lo que sucede tras el nacimiento, sino también durante la gestación, es la llamada hipótesis de Barker. Hambrunas como la holandesa de los años 1954-1955 durante la Segunda Guerra Mundial permitieron recopilar datos que mostraban que los niños gestados en momentos de escasez, tenían un mayor riesgo de padecer enfermedades metabólicas de adultos. A partir de aquí, el epidemiólogo británico David Barker, pudo comprobar como existía una relación entre el peso al nacer, y el riesgo de diabetes en la edad adulta.

Ahora, y gracias a la epigenética, sabemos que efectivamente, no solo lo que sucede durante la gestación, sino también el estado de salud de los progenitores, puede programar la salud del futuro niño y adulto. Los estudios con ratones nos permiten observar estos mecanismos de forma acelerada. Y han mostrado que factores como la dieta, o el estrés materno afectaban a la tensión arterial, colesterol, glucosa, o la respuesta al estrés de la descendencia. Estos estudios han permitido determinar que, aunque al nacer el peso de los ratones nacidos de madres obesas o con normopeso era similar, los primeros eran mucho más proclives a desarrollar obesidad al ser alimentados con una dieta alta en grasas, “Maternal obesity at conception programs obesity in the offspring“, PubLMed, febrero 2008.

El estado de salud de los progenitores, puede programar la salud del futuro niño y adulto.

Sorprende también el hallazgo de que los niños humanos nacidos de madres que habían perdido peso tras una cirugía bariátrica, tenían tres veces menor riesgo de sufrir obesidad severa 26 años después del nacimiento y mejores marcadores como glucosa o lípidos en sangre, “Effects of maternal surgical weight loss in mothers on intergenerational transmission of obesity“, PubLMed, noviembre 2009. Esto confirma que el peso de la madre afecta al riesgo futuro de enfermedad de la descendencia.

Y algo similar sucede con los padres. Estudios en roedores también han demostrado que cuando estos son obesos, se transfiere la obesidad entre generaciones, con un riesgo un 67% mayor en las hembras de la primera camada, y un 24% mayor respectivamente en sus hijos, “Paternal obesity initiates metabolic disturbances in two generations of mice with incomplete penetrance to the F2 generation and alters the transcriptional profile of testis and sperm microRNA content“, PubLMed, octubre 2013.

 Barrio rico, barrio pobre.

La epigenética nos permite explicar los mecanismos que están detrás de esa transferencia del riesgo de obesidad a partir del estado de salud de los padres. Pero anteriormente a este conocimiento, se sabía que el entorno y los hábitos familiares pueden afectar al riesgo de obesidad. Los niños aprenden por imitación y consolidan sus hábitos especialmente durante la primera década de vida. Por tanto, un hogar en que las costumbres favorecen el desarrollo de mala salud, va sin duda a predisponer al futuro adulto a su adopción. El seguimiento de los hábitos familiares desde el nacimiento hasta los siete años de edad, encontró que éstos explicarían un 11,3% de la variación del peso del niño a los 7 años, “Family lifestyle dynamics and childhood obesity: evidence from the millennium cohort study“, NCBI, abril 2018.

Y no podemos desvincular los hábitos familiares del nivel socioeconómico. Y es que, si hay un factor que explica con gran certeza y repetidamente el nivel de salud de la población, es el nivel de renta. Algo que ya en los años 70 del siglo pasado estableció el Ministro de Sanidad de Canadá, Marc Lalonde en los denominados determinantes sociales de la salud. Un estudio en España ha determinado que la renta per cápita es el único factor que explica las diferencias en los años de vida saludable, entre diferentes Comunidades Autónomas, “Determinantes económicos, recursos sanitarios, estilos de vida y años de vida saludable en España“.

 La gran extinción.

Para finalizar no podemos dejar de hablar de la omnipresente microbiota intestinal, un factor a tener siempre en cuenta cuando hablamos de obesidad, salud, y su interacción con la dieta y el entorno. Las bacterias y microorganismos que residen en nuestro intestino se ven muy afectadas por nuestros hábitos. Y la composición de estas poblaciones en nuestro interior, afecta de forma muy marcada a nuestra salud.

Analizando restos de heces fosilizadas de hace un milenio, los investigadores encontraron que muchas de las especies que estaban presentes en aquel momento, han desaparecido o se encuentran con baja frecuencia en nuestro entorno, “Piles of ancient poop reveal ‘extinction event’ in human gut bacteria“, Science, mayo 2021. Los autores hablan de un gran evento de extinción a nivel microbiano. Y encontraron que la diversidad, es decir, el numero de especies bacterianas diferentes que habitaban los intestinos de nuestros antepasados, era mucho mayor. Algo muy deseable ya que se ha comprobado que, a mayor diversidad, por lo general, menor riesgo de obesidad y enfermedades metabólicas.

Otro trabajo también ha señalado que las especies de bacterias cuya cantidad se reduce cuando la dieta es baja en fibra, se transfieren con dificultad a la siguiente generación “Diet-induced extinction in the gut microbiota compounds over generations“, NCBI, junio 2016. Esto es muy relevante, ya que el cambio a una dieta de tipo occidental, baja en fibra, puede haber supuesto en las últimas décadas una reducción en estas especies bacterianas beneficiosas. Estaríamos por tanto ante un nuevo factor que actuaría de forma transgeneracional, aumentando el riesgo de obesidad progresivamente de padres a hijos y nietos.

 El efecto bola de nieve.

Visto todo lo anterior, la hipótesis de la transferencia intergeneracional de la obesidad, cobra fuerza. Estaríamos ante una bola de nieve que se hace cada vez más grande, y que es más difícil detener cuanto más sigue rodando. Las consecuencias para la salud de la población pueden ser nefastas de seguir esta tendencia. Y también para nuestra economía y para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios, como mostrábamos recientemente, “Medicina Antienvejecimiento: ¿buena para la economía?“, Gente Sana, agosto 2021.

Las soluciones no son desde luego sencillas, y exigen del esfuerzo de todos: gobiernos, individuos, familias, sistema educativo y sanitario, comunidad científica, entre otros. Teniendo en cuenta todos los factores que influyen en la lacra de la obesidad, parece claro que cualquier intervención aislada estará condenada al fracaso.

Clínica Dr. Durántez para un envejecimiento saludable

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