Longevidad, lecciones de la COVID-19

La longevidad y la teoría de “La competencia de los riesgos”, aunque logremos vencer enfermedades, aparecerán otras nuevas enfermedades.El interés por la duración de la vida, la longevidad, es algo inherente al ser humano desde que tiene consciencia de su finitud. Hoy día, son muchos los esfuerzos económicos y en investigación para conocer las claves profundas de nuestra longevidad limitada y sus posibles tratamientos, pero la COVID-19 ya nos ha dejado alguna lección. Artículo publicado en la revista Alimente el 23/6/2020.

Desde el punto de vista demográfico y estadístico, la longevidad del ser humano se mide por la esperanza de vida media al nacer, que no es más que la media de las edades en las que muere un grupo poblacional en un determinado momento, lo que indicaría los “años que un recién nacido puede esperar vivir si los patrones de mortalidad por edades imperantes en el momento de su nacimiento siguieran siendo los mismos a lo largo de toda su vida”. Así, la esperanza de vida media actual de los españoles es de 83,6 años (81 para los hombres y 86 para las mujeres), lo que nos sitúa entre los países más longevos del mundo. Tenga en cuenta el lector que esta es la esperanza de vida media de los españoles que nacieron en 1936-1937.

No debemos confundir el concepto de la esperanza de vida al nacer con el de la longevidad potencial del ser humano o esperanza de vida máxima, que se refiere al total de años vividos por el miembro más longevo de un grupo poblacional. En el caso del ser humano la esperanza de vida máxima sería la que alcanzó la francesa Jaenne Calment en 1997 al morir con 122 años y 164 días.

La esperanza de vida media se ve afectada por la mortalidad infantil y las muertes precoces por enfermedad o violentas (accidente, homicidio, suicidio, guerras, catástrofes naturales), mientras que la esperanza de vida máxima se entiende que se alcanza en las condiciones más favorables posibles.

También se puede considerar que la esperanza de vida máxima es la media de edad alcanzada por el 10% más longevo de un grupo poblacional. La esperanza de vida media se ve afectada por la mortalidad infantil y las muertes precoces por enfermedad o violentas (accidente, homicidio, suicidio, guerras, catástrofes naturales), mientras que la esperanza de vida máxima se entiende que se alcanza en las condiciones más favorables posibles. El que se estime que la esperanza de vida media del hombre prehistórico no alcanzara los 30 años o los 40 en la época de la Grecia clásica o el Imperio Romano, no significa que por aquel entonces se pudiera morir con más de 80 años. De hecho, hay numerosas referencias históricas que así lo corroboran, “Do we really live longer than our ancestors?“, BBC, octubre 2018.

El incremento de la esperanza de vida media en los países desarrollados durante el siglo XX ha sido de nada menos que 30 años, básicamente por los avances en la higiene, la salud pública y la medicina, con especial mención a la antibioterapia y la anestesia. Estos avances han logrado detener drásticamente la mortalidad infantil y las muertes precoces (antes de los 80 años) por enfermedades comunes.

Se calcula que, por cada año de vida vivido, la esperanza de vida se ha alargado 3 meses.

Se calcula que, por cada año de vida vivido, la esperanza de vida se ha alargado 3 meses, de modo que, si la esperanza de vida media de un varón español actualmente es de 81 años y teniendo en cuenta que, en mi caso, me quedan 25 años para alcanzar esa edad, es de esperar que mi muerte llegue a los 87 años, si vamos sumando 3 meses por cada unos de esos 25 años. Sin embargo, el incremento de 3 meses por año transcurrido es una media de los últimos 150 años, pero la realidad es que este incremento ha sido superior en los últimos años, concretamente de 3,3 años durante los últimos 20 años, en el caso de los varones españoles.

Algunos autores consideran que el incremento de la longevidad va a seguir aumentando de manera exponencial, de manera que podríamos llegar a la paradójica situación de que por cada año que pase, la esperanza de vida se alargue otro año y nos encontremos en un momento en el que el tiempo que ha de transcurrir hasta nuestra muerte quede congelado. A este concepto se le ha denominado la velocidad de escape de la longevidad y su alcance se fundamenta en los continuos avances en la ciencia de la biotecnología, terapias regenerativas avanzadas, terapias génicas, nanorrobótica y otras tecnologías que lograrán vencer a las enfermedades crónicas no transmisibles (cáncer, enfermedad cardiovascular, demencia, diabesidad…) y a su causa principal, el envejecimiento.

La longevidad y la teoría de “La competencia de los riesgos”, aunque logremos vencer enfermedades, aparecerán otras nuevas enfermedades.

“Joven a los 100”, Dr. Ángel Durántez, Ed. La Esfera de los Libros.

“Joven a los 100”, Dr. Ángel Durántez, Ed. La Esfera de los Libros.

Esta visión optimista del aumento de la longevidad, hasta más allá de la esperanza de vida máxima del ser humano de 120-130 años (Límite de Hayflick), es la que sostienen los “longevitistas” como Ray Kurweil, Aubrey de Gray, Peter Diamandis o José Luis Cordeiro.

No obstante, no todos los expertos son tan optimistas. Las proyecciones del INE en el incremento de la esperanza de vida al nacer para varones españoles entre 2018 y 2033 será de 2,4 años (1,9 meses por año transcurrido) y de 5,9 años (1,4 meses por año transcurrido) para el período de 2018 a 2063, muy lejos de los 3,3 meses por año transcurrido de los últimos tiempos y por supuesto, en dirección contraria a los 12 meses por año transcurrido de la velocidad de escape de la longevidad.

Además, hace años que se definió la teoría de “La competencia de los riesgos”, por la que aunque logremos vencer a las enfermedades relacionadas con el proceso de envejecimiento, que son la causa principal de muerte en los países desarrollados, aparecerán otras nuevas enfermedades o versiones de las que ya conocemos más agresivas o resistentes a los tratamientos.

Esta pandemia ha sido, es, por un lado, una cura de humildad a la arrogancia del ser humano, y por otro lado una oportunidad de progreso.

 

Y precisamente es aquí donde quería llegar en relación a la longevidad y la nueva enfermedad COVID-19. Un claro ejemplo del cumplimiento de esta teoría, por la que la aparición de una nueva enfermedad infecciosa desconocida hasta el momento, ha golpeado, está golpeando, a toda la humanidad casi sin excepción, cebándose con alguno de los países más longevos del mundo como España o Italia. Según el estudio de Patrick Heuveline y Michael Tzen de UCLA y citado en este mismo medio, la COVID-19 ha supuesto un retroceso de la esperanza de vida al nacer en España de casi 9 meses, de los 83,6 a los 82,9 años, es decir volvemos a la esperanza de vida de 2015.

Ya han transcurrido casi dos meses de la pre-publicación de este estudio y, seguramente el efecto negativo de la COID-19 sobre la esperanza de vida se vaya difuminando con el paso del tiempo, el conocimiento de la enfermedad, los nuevos tratamientos y la futura aparición de la vacuna. Esta pandemia ha sido, es, por un lado, una cura de humildad a la arrogancia del ser humano, y por otro lado una oportunidad de progreso.

Como apunta José Luis Cordeiro en alguna de sus recientes entrevistas, los avances tecnológicos han logrado aislar y secuenciar el genoma del SARS-CoV-2 en un tiempo récord en comparación con anteriores epidemias como la del SARS, MERS o HIV. Precisamente esos avances tecnológicos son los que deben apuntalar el lícito anhelo de vivir más y mejor, aunque no lleguemos al Límite de Hayflick.

Clínica Dr. Durántez para un envejecimiento saludable

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