Paleodieta: ¿Moda o realidad?

La paleodieta se basa en: frutas, tubérculos y verduras, frutos secos crudos, fuentes proteicas de calidad (carne, pescados, huevos, moluscos o marisco)Una de las tendencias al alza en últimos años ha sido la denominada paleodieta. Popularizada a través de las redes, muchas personas han adoptado este modo de alimentarse. Sin embargo, algunas voces críticas se han alzado en contra de un patrón nutricional que consideran restrictivo. Artículo publicado en la revista Alimente el 11/12/2018.

¿Es realmente peligrosa la paleodieta?¿Puede ser beneficiosa para la salud?.

Paleodieta; un término que en el imaginario popular evoca al cavernícola comiendo carne sentado alrededor del fuego. Nada más lejos de la realidad. Probablemente lo peor que ha podido pasarle a la paleodieta o dieta paleo, es su nombre. Y es que desde que se popularizó fuera de los entornos académicos, no ha hecho más que distorsionarse lo que en principio, parecía una buena hipótesis.

La investigación académica.

Corría el año 1985, cuando Eaton y Konner publicaron “Paleolithic Nutrition – A Considerario of Its Nature and Current Implications“,  January 31, 1985, en la que probablemente sea la revista más prestigiosa en Medicina, el New England Journal of Medicine, su artículo titulado “Nutrición paleolítica: una consideración de su naturaleza e implicaciones en la actualidad”.

Los autores ponían sobre la mesa una observación:

Las poblaciones con un modo de vida tradicional y no occidentalizado, tienen una baja prevalencia de las llamadas “enfermedades de la civilización”: obesidad, diabetes, vasculares o cáncer.

 La causa de ello, está en su modo de vida, y una buena parte de ello en su alimentación. El choque entre nuestra fisiología y genética tras dos millones de años de evolución del género Homo, con los cambios en el estilo de vida desde la revolución agrícola hace unos 10.000 años, y también desde la revolución industrial, estarían detrás de las llamadas enfermedades de la civilización.

A principios de los años noventa del siglo pasado, el tristemente fallecido profesor Staffan Lindeberg, de la Universidad de Lund en Suecia, comenzó a publicar “Apparent absence of stroke and ischaemic heart disease in a traditional Melanesian Island: a clinical study in Kitava, Mar 1993, sus estudios sobre los habitantes de Kitava, una isla del pacífico. Estos isleños presentaban una salud excelente, a pesar de una dieta con cerca de un 70% de la energía procedente de los carbohidratos (en forma de tubérculos y fruta) y una alta ingesta de grasas saturadas procedentes del coco.

Algo impensable desde los patrones nutricionales clásicos. En 2005, veinte años después del artículo de Eaton y Konner, Loren Cordain  publicó “Origins and evolution of the Western diet: health implications for the 21st century”, February 2005, otro de los trabajos más influyentes en esta área. También en los años 2000, vieron la luz los primeros ensayos clínicos con este tipo de dieta.

De las revistas al gimnasio.

Todo esto sucedía en el mundo académico. Pero en 2002 la paleodieta salta al gran público, especialmente en Estados Unidos, donde Cordain publica su libro de divulgación sobre el tema. Y el mensaje encuentra terreno abonado entre los practicantes de una nueva modalidad deportiva, el Crossfit. Aquí es donde empezó a distorsionarse el mensaje.

Si tomamos como referencia la llamada “dieta occidental” especialmente en Estados Unidos y le quitamos los alimentos que excluye la paleodieta, nos quedamos con pocos carbohidratos, mucha carne (incluido el popular bacon) y poca fruta y verdura. Esto unido al mito del cavernícola popularizó una versión de la paleodieta alejada de lo que los estudios científicos estaban demostrando.

Todo ello, unido tal vez a no profundizar en la bibliografía científica llevó a profesionales y organizaciones relacionadas con la salud y la nutrición, a tachar a la paleodieta de dieta milagro. Y hasta cierto punto, viendo los mensajes que se estaban difundiendo era lógico pensar que un patrón nutricional así fuera insano.

Si añadimos a ello los productos paleo que comenzaron a aparecer (desde “paleopizzas” a “paleomagdalenas” o “paleopanes”) tenemos al alcance un Armagedón nutricional totalmente alejado de lo que era la idea inicial.

Características nutricionales.

Este tipo de dietas lleva aparejada una mejora de la saciedadLa paleodieta sigue en el candelero, habiendo sido el término de salud más buscado en Google en 2013. Y sigue despertando polémica entre seguidores y detractores. Pero afortunadamente, hay divulgadores que están trabajando para recuperar la cordura alrededor del concepto, e investigadores que siguen avanzando, a través de ensayos clínicos.

La dieta paleo, paleodieta, o dieta evolutiva se basa en excluir todos aquellos alimentos que no consumíamos como especie hasta la llegada de la revolución agrícola: cereales, lácteos, legumbres, azúcares y grasas añadidas. Esto redunda en el aspecto más positivo de este patrón nutricional: la exclusión de la mayor parte de los alimentos procesados, que son la principal fuente en la dieta occidental, de grasas, azúcares, harinas, aceites refinados y sal, un cóctel hipercalórico y que además desplaza a alimentos más saludables.

La paleodieta se basa en: frutas, tubérculos y verduras, frutos secos crudos, fuentes proteicas de calidad (carne, pescados, huevos, moluscos o marisco)

De hecho, y si damos la vuelta al argumento, la paleodieta se basa en: frutas, tubérculos y verduras, frutos secos crudos, fuentes proteicas de calidad (carne, pescados, huevos, moluscos o marisco). En definitiva, se trata de basar la dieta en alimentos frescos y poco procesados, algo que dio posteriormente lugar al movimiento de la llamada comida real o “real food” y que han impulsado escritores influyentes como Michael Pollan.

Hasta aquí llega la definición de la dieta paleo, con un enfoque totalmente cualitativo. No se entra en cantidades de macronutrientes y hay que insistir en que no se trata de una dieta hiperproteica. Posibles riesgos de este patrón nutricional son una potencial menor ingesta de calcio o vitamina D, y por otro lado una alta absorción del hierro, que podría ser problemática en individuos con hemocromatosis. Con el adecuado asesoramiento y elección de alimentos, ambos aspectos pueden quedar solucionados.

Utilidad clínica.

Una vez superados los prejuicios y barreras iniciales, en base a las ideas distorsionadas difundidas en las redes, hay profesionales que bien puntualmente, bien de forma general, aplican como base la paleodieta para el tratamiento dietoterápico de diferentes enfermedades. Los ensayos clínicos realizados hasta la fecha, si bien breves en duración y con muestras pequeñas, han demostrado resultados interesantes.

Las poblaciones con un modo de vida tradicional y no occidentalizado, tienen una baja prevalencia de las llamadas “enfermedades de la civilización”: obesidad, diabetes, vasculares o cáncer.Este tipo de dietas lleva aparejada una mejora de la saciedad, ya que los alimentos frescos debido a su menor densidad calórica y mayor densidad nutricional y de fibra, mejoran la regulación del apetito. La ausencia de productos hiperpalatables, ricos en grasas, sal o azúcares, devuelve la cordura a nuestro sentido del gusto y a las hormonas reguladoras del hambre.

Esto ayuda al control del peso corporal. Algunos ensayos clínicos:  “Plant-rich mixed meals based on Palaeolithic diet principles have a dramatic impact on incretin, peptide YY and satiety response, but show little effect on glucose and insulin homeostasis: an acute-effects randomised study“, February 2015 y “Subjective satiety and other experiences of a Paleolithic diet compared to a diabetes fiet in patients with type 2 diabetes”, July 2013, han demostrado este efecto.

Este tipo de dietas lleva aparejada una mejora de la saciedad

Otros ensayos clínicos han encontrado resultados interesantes en relación al:

Incluso un ensayo: “A Paleolithic diet improves glucose tolerance more than a Mediterranean-like diet in individuals with ischaemic heart disease“, September 2007, encontró mejores resultados en comparación con la dieta mediterránea en pacientes con enfermedad isquémica del corazón, en relación al control glucémico.

Nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución

Otro de los campos donde este tipo de dietas parecen tener potencial en el ámbito clínico es el tratamiento de enfermedades autoinmunes, con experiencias positivas para la enfermedad inflamatoria intestinal o el hipotiroidismo autoinmune (Hashimoto). Sin embargo, en este sentido solo encontramos publicados dos casos con esclerosis múltiple, en los que además de la dieta, se incluyó un programa de ejercicio. Aunque la práctica clínica en ocasiones va por delante de las publicaciones, hay que mantener la debida precaución.

Como decía el genetista Ucraniano Theodosius Dobzhansky “nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución”, y el ser humano no escapa a la misma. Aún estamos lejos de saber cuál es la dieta óptima para el ser humano, pero lo que sí sabemos es que no todo vale. Eso es algo que conocen los zoólogos y biólogos a cargo de la alimentación de animales en cautividad: hay una dieta específica para cada especie, y fuera de ella los animales enferman. ¿Nos estará sucediendo eso a nosotros?

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